Género Narrativo: Crónica
- Introducción
La presente crónica escrita y audiovisual tiene como fin dar a conocer una problemática que es frecuente para las funcionarias públicas de nuestro país, el ser juzgadas no por sus estudios académicos, por su dedicación, o eficiencia en el cargo, sino por su aspecto físico, forma de vestir, o a lo que dedican su tiempo libre. Es por ello que se va a retomar el caso de dos reconocidas juezas a nivel nacional, quienes en carne propia sufrieron esta situación.
- Crónica escrita
La otra sentencia
La sala espera el veredicto de la jueza, fueron horas de estudio de las partes
procesales las que permitieron la realización del juicio, y ahí, en plena sala de
audiencias, entre expedientes, códigos y largas horas de desvelo, se encuentra la
inconfundible verdad, ya hubo una sentencia, en contra de la operadora judicial, a
quien se condenó por el largo de su falda y el tamaño de su escote. Esta es la
realidad de cientos de servidoras públicas en la rama judicial, a quienes les pesa
más su estilo personal, que sus capacidades para impartir justicia.
No son pocas las veces que se ha evidenciado como las juezas, fiscales, y
funcionaras públicas han sido víctimas de un fenómeno silencioso per persistente:
ser evaluadas por su apariencia y no por su desempeño. Los hombres, por lo
general, son cuestionados de acuerdo a su eficiencia en el cargo, sin embargo, las
mujeres además de ser constantemente examinadas por sus decisiones en los
estrados, también cargan con el peso de la vigilancia sobre cómo se visten, como
se muestran y que tan adecuadas parecen ante la opinión pública.
Ejemplo de ello fue la jueza Vivian Polania QEPD, quien durante años se convirtió
en tema de debate público debido a su forma de vestir, su manejo de redes sociales,
y por diversas situaciones consideradas “inapropiadas” por la rama judicial. Esto
genero constante escrutinio sobre su cuerpo, sus tatuajes, su comportamiento, y las
actividades que realizaba en su tiempo libre, lo que, según palabras de la
funcionaria, le genero problemas no solo en el ámbito laboral, sino también en su
salud emocional y física.
Años después, otro nombre volvió a encender la polémica: Marínela Cabrera
Mosquera, una jueza quien ha sufrido persecución por parte de magistrados,
quienes, en vez de estar velando por la justicia, desgastan a la administración
abriendo procesos disciplinarios. La investigación se dio debido a la publicación de
videos bailando en Tik Tok por parte de funcionarios, y por usar ropa “sugestiva”.
En las investigaciones se habla de falta de decoro e inmoralidad, mientras ella
argumentaba a favor de su derecho constitucional a la libre expresión, la autonomía
personal y a la autodeterminación, alegaba que el proceso tenía un trasfondo
machista, ya que no se estaba cuestionando su gestión en el despacho, que por
demás era excelente, sino su vida y preferencias personales
El problema no se limita solo a la rama judicial. ministras, alcaldesas y
gobernadoras, funcionaras públicas, y hasta vicepresidentas han sufrido ataques
similares. En redes sociales, por ejemplo, constantemente se ve como los debates
políticos terminan desviándose de la resolución de problemas sociales, a la crítica
hacia el aspecto físico, la ropa e incluso el tono de voz de la quien en ese momento
se encuentre hablando.
El fenómeno revela una contradicción profunda: aunque las mujeres han ganado
espacios históricos en el poder judicial y en la administración pública, todavía deben
enfrentarse a estándares sociales que no se aplican con la misma fuerza a los
hombres. La autoridad femenina sigue siendo cuestionada desde lo visual. Como si
una minifalda pudiera invalidar años de estudio, experiencia y trayectoria.
Es así que mientras se dictan sentencias en el estrado, las funcionarias están
entrando a una batalla más complicada: la de la opinión pública.
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